tengo una astilla pequeña, fina y punzante
en medio de mi pecho,
un dolor gigante, apabullante, que ensordece
caigo, entonces
y otra vez no hay nadie
no, perdón, todo el tiempo intento no ser redundante,
busco constantemente
adjetivos, otras formas de hilvanar la cosa,  intento
no ser redundante,
  pero se que te peso  , o que  te duelo , o  que lograste inmunizarte al fín de mí
pero es que yo no, al señor se le cae el brazo en la pierna del que viajaba al lado,
tiritaba en sus sueños
y aguantar el dolor de las cosas
y ver la belleza de todo,
sumido en la solemne soledad soliloquia sosegante, ensordecedora
transitar, a través del pasillo oscuro, correr hacia ahí, ahí es  donde quiero estar
 no quiero verte morir, soy muy joven para esto, soy muy torpe para eso, soy muy melanco-drepesiva, vos no podés, nunca podrás entenderme, tenemos que estar se parados, yo sigo escribiendo y más me odias, y se muere, todo se va muriendo más precisamente él, mi gato, en mi regazo, acobachado, con lagañas verdes e infinitas en sus ojos vacíos, cada vez está acá menos y mido su pulso , lo acaricio, escribo, lloro, me arranco pedazos,  hago un dibujito, hago un agujerito, camino por lugares inoportunos, incoherentes, calles que tienen tu nombre, esquinas de color rojo que me recuerdan el cuento de la marmota, relojes - paragûas- intrascendencia - tren . observaciones, minuciosas, infinita sucesión de imágenes , interpretaciones, desdoblamiento de la memoria, si esto fuera un cuento cada dos palabras alguien apareceria diciendo tu nombre, diciendome que estoy muerta, que estoy viva, que estoy afuera, arrogante posición la mía, cómoda y asqueroso rufián melancólico de oreja a oreja, el tiempo, clavando punzantes astillas en todo mi cuerpo, cobarde, histriónica antigua estabilidad asquerosa la mía, obnubilada la vista, ciegos los ojos, estando hacia adentro y sin prestarle atención a nadie , me reprocharon que ya no me estaba divirtiendo. y acá podría comenzar la misma trasteada y redundante historia del pasado verdoso e introvertido de mi infancia, recuerdos de mis padres, diarios viejos, mascotas perdidas, paradas de bondi en veranos calurosos,, embriones flotando en piletas celestes,   . fetos, flotando, en oxígeno, en tristeza, en contínuos recuerdos, viviendo la muerte con pocas ganas. el chabón lo dijo. tengo veinte años y ya estoy tan cansado. cargamos peso milenario de penas. será quizás la melancolía
la condición humana.