estoy algo mareada. caminamos con jazmín un sábado por su barrio, al pasar por la puerta de una iglesia armenia, le sugiero que entremos a descansar un rato. estaba ahí la figura de san expedito. me arrepiento y me quedo fumando afuera, mientras ella camina hasta el altar mirando el anguloso techo. no había ningún cristo sacrificado. una señora que trabajaba ahí me invita a pasar, le agradezco, pero le confieso sin titubeos que soy agnóstica, que no creo en absolutamente nada más que en la factible muerte, le digo que te estaba esperando a vos hacer un pacto, una especie de trato con lo divino, pediste algo a cambio de otra cosa. la señora me dice que los jóvenes somos así, pero que es menester creer en algo. no le respondí nada. me señaló un cuarto lindante a la puerta principal, una abertura más pequeña de lo normal, y me invitó a pasar. un curto pequeño que funcionaba a modo de capilla, sumamente austero. accedí ante su insistencia, entonces me explicó el procedimiento ritual: escribir en un papel blanco con lapicera roja como la sangre tu deseo, depositarlo en una caja forrada en papel de regalo, y luego encender una vela junto al santo, que según la leyenda, había matado al cuervo que le susurraba al oído: "Cras" (Mañana), y levantado la bandera del "Hodie" (Hoy). en fín. accedí al ritual.
un ser humano me pide un cigarrillo y luego, fuego, de ese mismo que descubrimos. mientras escucho una canción digital- pop, espero un bondi a las 8 de la mañana, es el primer día del invierno. gloria y emanuel me confesaron en secreto que dejarían sus respectivos trabajos en el bar donde nos conocimos hace unas semanas. después estuve pensando en qué nos diríamos si finalmente atravesaríamos el mundo para volver a vernos, aceptando la confabulada mutua dependencia, aquel incontenible y correspondido fulgor entre nuestros cuerpos, ya desvanecido, esfumada la locura como un fuego arremetedor. la madre de gloria murió mientras la daba a luz. ella es perspicaz, está tan despierta, intercambiamos libros que nos gustan. creo que ya no la volveré a ver. nada de esto ocurrió. una paloma come una papafrita de la vereda del mc donalds de av córdoba. me cansé de hablar de vos, de escuchar siempre las mismas canciones melanco depresivas. av corrientes con olor a color rojo y fuerte a dolor. el libro que me obsequió gloria trata sobre la reencarnación, esta noche un chico le dijo que quisiera en su próxima vida, reencarnar en ella. nos robamos cuatro cervezas del bar, las tomamos por ahí, su acento me hacía acordar a vos, y ella a mí cuando aún era inocente y creía que toda la gente era buena. confabulé, virada, secuencias distópicas en conspiración mía. desarrollé mecanismos afinados concernientes a la defensa emocional, que ejerzo en vano constantemente. ¿vale la pena caminar treinta cuadras por un resquicio de pasado decodificado en imágen? no es factible ni recomendado que intentes recordar tus vidas pasadas. agnóstica, depresiva, virada. la verdad es que fuiste una excusa, un manotazo de ahogado desesperado ante lo irremisible, desastroso, doloroso suceder continuo de los días. no fuiste más que eso para mí. el resto lo inventé solo para justificarme aquella sensación de feto refugiado en invierno bajo una frazada azul, y por las noches ser moscas espasmódicas volando ilusamente alrededor de aquella luz que nos enceguece y nos terminará matando. magia negra,
ante el dolor krishna gloria me recomendó aguas saladas. lágrimas, sudor, o un mar. guilliana en primer año de la escuela, se sacó la remera frente a mí en el baño de nenas. cuando hablábamos la interrumpía y le lamía con mi lengua las pupilas.