De su duodécimo casi incomprensible efecto
consecuencia del primer efecto considerado
inherente a la separación entre la vida y la muerte
son cinco noches sin dormir
persiste punzante
el continuo desplazamiento tenaz de la duda.
persiste punzante
el continuo desplazamiento tenaz de la duda.
la culminación del acto en el gesto del goce
asistimos anonadados y extasiados
a la posibilidad de esquematización del segundo
violando los límites de cualquier remota imposibilidad
me entrego a los albores
escudriñando aquella razón causal
poliedro agudo e infinito
que me propicia la posibilidad del reflejo presente
melancolía eléctrica
cable energético
mañana de invierno
aquél desdén de tu nostalgia ya no es mi omisión
esquinas de color rojo en la ruta
pedacito de pared resquebrajada
observaciones minuciosas
lluvia eléctrica de imágenes
desdoblamiento de las memorias
alguien murmura lamiéndome la oreja
todo lo que pasó ayer mañana lo olvidaré
la velocidad, el continuo trance
el recorrido que emprendo,
la sucesión permanente e itinerante de mis pasos
nada de esto es arbitrario
ni el inescrúpuloso y hermoso andar ferviente
ni el inescrúpuloso y hermoso andar ferviente
de cada persona, de cada objeto, de cada forma.
observo la eléctrica magnificencia de las sensaciones
las sinuosas vibraciones que atraviesan enérgicas el viento
reflotaremos en espasmos frenéticos para sentirnos más vivos
reberveremos en elixires la existencia elíptica
no me vengas a hablar de cosas que ya conozco
no es nada nuevo
todo confluye indefectiblemente
en un progresivo vaivén sucesivo de inmediateces,
las ondas se multiplican ad infinitum como un eco brillante
conspirando en este organismo que en naturaleza sustancial deviene
asistimos cómplices al esbozo de una desmaterialización alquímica del tiempo,
con el propósito de atisbar a un descanso de aquella proclamada auto-conciencia