lo que iba a escribir antes del asfalto, recordaste que había algo de belleza allí, antes de la melancolía, antes de gastar una vez más tu muletilla preferida, que la vida es una mierda y que sé yo, torpe. torpe, gastada. bueno, viajando en el subte, tres horas después, siendo impuntual como lo es habitualmente, observó a tres señores gastados y su reflejo le devolvió el halo de la incongruencia, y todo pareció falaz, le pareció morir, y lo sintió hermoso y terrible, gastado y habituado a diversas antagonias. el sendero amarillo debajo de tus pies, como el infinito blanco, ya no recordaré más nada. observé entre mis cosas, dos dispositivos electrónicos que emiten señales para conectarme con mis compañeros, escaso dinero añejo, monedas, un lápiz, un encendedor, una caja de dulces de metal con algo de marihuana dentro, papelillos, boletos, cables, el número al que no debería escribir, y las cosas que no debería hacer, las cosas que te dijo tu madre, al final, siempre terminan en la misma nada.