la piba que decidió faltar a clase y se fué al parque, llegó y ya no había sol, sacó una entrada para la película papiloma amor, compró cigarrillos, vió una paloma muerta, un gatito atropellado, un esqueleto infante y una tevé en medio de la vereda transmitiendo la noticia peor. imágenes:
de cómo todo se tranformó progresivamente en un pixel- reconocí en primera instancia aquella sensación- en algún sitio falto de aire, sin luz de sol, ahí es donde suele pasar- con niveles sonoros elevados y cientos de gente bailando a mi alrededor. el día anterior a la locura, al desmadre, a la desazón, bailaba pero lloraba ante la posibilidad ya no remota de que todo se desvaneciera. creí que al final de su compás alguno levantaría alguna bandera, tire alguna consigna, se ponga en el pecho al país, pero no- ellos tampoco entienden, seguimos bailando. electro rock de la house con atisbos étnicos sauditas y una leve reminiscencia del hard punk. nuestro preferido fue el número 8, qué bien sonaba aquél acordeón. reconoció de inmediato aquel atisbo, se apoyo en la pared de cemento entramado bicolor, mi cuerpo continuaba moviéndose, simulacro de situación. contraste al diapasón, luces que irradiaban a contra luz las siluetas delimitándo a estas y bañánolas en un incomparable fulgor. recordé alguna tapa de un disco de rock, aquella frase del aleph, algunas pruebas fotográficas con cartulinas, la inconmensurable división entre carne y conciencia, a esto se debe mi pena mayor, aquella que signó Lacan, sujeto barradísimo, partido al medio, abstracciones que nunca comulgarán porque no confieren, porque son indescriptas, porque, al fin y al cabo, mientras nosotros bailamos y consumimos drogas hay gente con malas intenciones pensando en gobernar el mundo. siempre fue así, unos pocos siguen moviendo los hilos rasgados, siempre que viajo en automóvil siento que vamos a tener un accidente, imagino la portada del diario, el momento del estruendo, oigo el ruido del impacto, pienso en aquel último segundo previo a la pérdida de conciencia, veo la fotografía, pienso en lo mucho que lloraría mi mamá. en un segundo perdí la conciencia, alguien me atajó y me tiró algo de agua, respiré aire y volví a materializar los fragmentos inertes de la lo estipulado, desde infinitas milésimas de información codificada, la imágen se materializó consumando aquellos píxeles aíslados que la conformaban, hasta llegar, en su defecto, a la imagen original. siempre idolatré estas extrañezas, aquel devenir se transfigura en la arbitrariedad de la experiencia, cuyas transversadas imágenes son un mero intento de reconstitución tan asumida, redundante experiencia y absurda analogía sobre los procesos derivados de la constitución de lo real, y en consecuencia, culpable de la prescripción y mutilación de la imaginación. nadie nos miente en la cara. los procesos cegadores y de sosegamiento colectivo son los mismo que utiliza una compañía de marca de gaseosa, esto está pasando, les digo a todos, al que quizás mañana no lo entienda, desperté y me sentí tan viva. es como abandonar el útero y respirar como la vez primera. y aprehender el dolor inmenso que avasalla al mundo. seguimos bailando.