esto es algo así.
suponte, humano
que un día súbitamente todo se desconfigura, la estabilidad cede, la armonía aparente decanta en un caos. no quise salir a fumar, me llamaste y entonces preferí quedarme ahí en posición fetal bajo tus sábanas. supuse que era la última vez que nos veríamos así, apacibles, no quiero que vos ni nadie pueda lastimarme. esto fue porque supe, por la sucesión continua de las cosas, que esto decantaría de forma inusitada en un obsecuente devenir ajeno y afablemente distante de aquellas probabilidades que imaginé aquel día que te ví. esta bién, me calmé, es lo que suele pasar. la aparente normalidad del devenir de las cosas me calma, es una estúpida muletilla que heredé de mi padre.
mientras sucumbe el dolor. a donde irá a parar cada objeto querido, quién heredará mis libros, mis zapatos, mis fotografías. todo lo sucumbirá el fuego, quién decidirá el destino también agonizará ahogado en el tiempo que costruimos.
anduve buscando secretamente recovecos exactos y apacibles, refugios estables, cálidez fugaz que me podría propiciar un hueco en un árbol, el intersticio entre edificio y pared, un andén vacío o un hall de una casa abandonada. caminar por cualquier calle sintiendo la impertinente y tajante necesidad de desmaterializar el tiempo, de abandonar la conciencia, de salirme desde adentro y poder ser planta, hueco, hormiga, deshandar lógicas y aquella autoconciencia que tanto sofoca, podré vivir acaso sin pensar en que vivo y caminar sin procesar el contínuo devenir de mis pasos, necesitando saber siempre el registro direccionario y con la falsa, rotundamente exigua certeza errónea de que el movimiento se da en orden ascendente, contínuo y correspondiente.