a medida que retrocede, cada individuo ira aprehendiendo que de todo el conjunto de las cosas, pocas son irremisibles y cuasi infalibles, aquellas- las verdaderas cosas que le hacen a uno esbozar el paso, regocijar el ánima, soportar este cándido y apabullado infierno. lo presentí hace un tiempo, cuasi azarosa, idónea, lúdicamente, hoy-luego de descifrar que en realidad en el fondo de las cuestiones toponímicas, arriba en lo profundo de la estela celeste- u adentro, lo suficientemente involucrados con el lenguaje, en aquellas palabras donde nos dijeron que residía la verdad inequívoca y absoluta de todas las cosas, en ninguno de esos lugares encontramos nada, entonces proseguimos- ya no hacia adelante- y emprendimos el asunto de andar por ahí rompiendo y refutando cualquier asunto, cuerpo - situación. fue en aquel primer acercamiento hacia las cosas que validamos nuestro juego, canté con aquel que acaso podría ser mi único predilecto, que nací para mirar y no nos importa absolutamente nada más que la búsqueda de lo emotivo, de lo azaroso, de lo espeluznante. viajando en un colectivo amontonados, cualquier día que aparente ser atroz o aniquilante puede revertirse con una imágen del circo cotidiano- mundano. de cómo construimos todo esto, de cómo fue que hoy podemos amarnos y reconocer los colores, y de ahí para donde quieras, todo lo que existe más allá de triste no puede no ser hermoso, dice mientras abre los ojos y mira las luces de la avenida o el cartel de la esquina o la flor que muere desde la ventana de tu café preferido del microcentro, hasta hemos llorado, te confieso, en aquellos momentos fugaces en que la disposición de las cosas se articula azarosamente , aquel maldito instante en que todo tiene o no sentido y la transición de la vida por más pesar y agonía puede ser una imagen, una sensación o algún color.