soy demasiado darks para las fiestas barriales, quiero ir a Berghain todos los domingos

Brilló sobre la piedra el espectro de luz violeta abriendo el portal que nos arrimó desprevenidos a desarmar el lenguaje hasta confluir en gemidos. Las lenguas se enredan, se fusionan en un húmedo oximorón: antología de tus pasos. Abrazado a las agujas, desarmados nuestros cuerpos en el humo de los cigarrillos, en el viscoso sudor de los muros derritiendose como la parafina caliente. Enredados en la hermosa desnaturalización de la materia tangible, asistimos al ceremonial derrumbe de todos los límites. Las orillas y los recorridos idilicos se abrieron como un verano, como una brillante nevada del extasis del ser en el tiempo. Comulgamos con la anti-materia atravesando el espacio como voluta de humo en la oscuridad de lo mágico, a contraluz violeta, pude desvanecerme en tu cuerpo sin limites  como una caida infinita en una noche eterna al encontrar tu mano complice en el río dulce y acaudalado. Confabulando aquel soporte anclado en la muletilla, refilando el escalón para alcanzar mediante la articulación del movimiento, el devenir del amor y la sangre. Transitando el espacio, siendo parte del espacio, percibiendo la voluta de las sustancias, confluyendo con el aire espeso, con el humo denso, conspirando con la oscuridad propicia para adentrarse en los placeres de lo escondido, integradxs al común desperfecto de la multiplicidad, inmersos en la matriz de interconexiones, confabulando la paradoja del ser en el tiempo, enredando las lenguas al placer del deseo, entregados a las fiebres que nos mueven y nos hacen besarnos con desenfreno, acariciando la sabiduría del despojo y la templanza. Las certezas se derriten como babas calientes en las pieles, la voluta de sustancias nos entrega al elixir del desenfreno y al pudor de despojarnos de lo nuestro, lo adquirido. Te observé liar un cigarrillo toda la noche y manipular los objetos que flotan en el humo espeso del sacral aliento del diablo de la cruz partida, que se amaca siniestro en sus reñidas cadenas. Bebiendo de la fuente del perlado elixir, ese fulgurio de suave oleaje, los pasillos se desdoblan como un espejismo duplicado desarticulando las fábulas de la materia sin trastabillar ante el temor del derrumbe, del destierro, del desperfecto, del cero-infinito.